Respuesta al cambio climático

AZUL DE NUEVO: rumbo a un océano nuevamente azul

Problema Global
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Cada 8 de junio se celebra el Día Mundial de los Océanos (World Oceans Day). El tema proclamado por las Naciones Unidas para el Día Mundial de los Océanos 2026 es el siguiente [1]:

Reimaginar: más allá del mundo conocido, una nueva relación con nuestros océanos.

El Día Mundial de los Océanos visibiliza el arraigado sesgo humano de concebir al mar como un entorno vasto y remoto. Sin embargo, el océano influye de manera permanente en el aire respirable, en los alimentos consumidos y en el equilibrio climático sustentador de la vida. Ha llegado el momento de abandonar la visión reduccionista del mar como un mero reservorio de recursos, repensando, desde sus fundamentos, nuestra relación de interdependencia con el medio marino.

¿Cómo imaginamos, entonces, el océano que aspiramos a preservar? Playas de arena blanca bañadas por aguas de un azul profundo, y más allá, un mar en el que conviven incontables formas de vida. Playas de arena blanca bañadas por aguas de un azul profundo, antesala de un medio marino habitado por incontables formas de vida. Nuestro objetivo radica en legar esta imagen primigenia del océano a las generaciones sucesoras. No obstante, el océano no puede protegerse con nuestro deseo. Su degradación puede producirse en poco tiempo, mientras que su recuperación exige décadas. Consecuentemente, los esfuerzos destinados a salvaguardarlo deben comenzar de inmediato, anticipándose a un deterioro irreversible.

Hacia la recuperación

Una vez dañado, el ecosistema marino tarda mucho tiempo en recuperar su estado original. Los casos más representativos son los arrecifes de coral y los bosques de manglar.

Los arrecifes de coral ocupan menos del 1 % del fondo marino, pero constituyen un ecosistema fundamental, sostén de al menos el 25 % de las especies marinas. Sin embargo, el aumento de la temperatura del agua del mar y la contaminación, entre otros factores, someten a los arrecifes de coral a graves amenazas [2]. En particular, los episodios masivos de blanqueamiento causan daños de gran magnitud en el ecosistema de los arrecifes de coral. Según informes basados en investigaciones publicadas en la revista académica internacional Science, incluso los corales de crecimiento rápido tras un episodio severo de blanqueamiento necesitan un mínimo de 10 a 15 años para recuperarse por completo, y la recuperación total de un arrecife de coral puede tardar décadas [3].

Lo mismo ocurre con los bosques de manglar. Según un estudio publicado en 2025 en la revista académica internacional Communications Earth & Environment, los humedales de manglar restaurados o de nueva creación tras haber sufrido daños tardan en promedio 30 años en recuperar la estructura del bosque original[4]. Resulta evidente la marcada asimetría entre la velocidad del deterioro ecosistémico marino y el ritmo de su posterior restauración. Si bien la restauración tras el daño es importante, aún más importante es actuar ahora para prevenir esa degradación.

Los movimientos de la comunidad internacional

Por estas razones, la comunidad internacional presta atención no solo a la restauración de los ecosistemas marinos una vez dañados, sino también a los enfoques preventivos orientados a reducir el propio daño. El ODS 14, “Vida Submarina (Life Below Water)”, tiene como objetivo la conservación y el uso sostenible de los océanos y sus recursos marinos, e identifica como tareas prioritarias la reducción de la contaminación marina y la protección de los ecosistemas oceánicos y costeros [5].

Asimismo, los gobiernos de distintos países y los organismos internacionales promueven políticas como la ampliación de las áreas marinas protegidas, la reducción de la contaminación plástica y la conservación de los ecosistemas de carbono azul, reforzando así la cooperación en materia de protección de los ecosistemas marinos. En particular, el Acuerdo BBNJ (Acuerdo relativo a la Diversidad Biológica Marina de las Zonas Situadas Fuera de la Jurisdicción Nacional) para la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad marina en zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional entró en vigor el 17 de enero de 2026, convirtiéndose en un importante punto de inflexión para la gobernanza oceánica global [6].

Estas acciones de la comunidad internacional evidencian una expansión en el enfoque de la protección marina, priorizando la prevención sobre la simple restauración. La restauración de un ecosistema degradado exige una inversión masiva de tiempo y recursos; por el contrario, la tutela preventiva demuestra una eficacia considerablemente mayor. En definitiva, la recuperación más rápida posible para el océano no comienza en la restauración posterior al daño, sino en intervenciones preventivas orientadas a salvaguardar el ecosistema.

Acciones por un océano azul

Los universitarios también se suman a estos esfuerzos. ASEZ desarrolla las actividades ABC (Carbono Azul de ASEZ) con el fin de difundir la importancia de la conservación de los ecosistemas marinos y ampliar las prácticas concretas. A través de actividades de limpieza en costas y ríos, campañas de mejora de la conciencia ambiental y actividades de protección de la biodiversidad, trabaja para prevenir la contaminación marina y crear un entorno oceánico saludable.

En particular, la reciente campaña “Iniciativa Mundial para la Protección de los Ecosistemas de Carbono Azul 2026” contribuye a la mejora de la problemática plástica y a la protección de los ecosistemas de carbono azul. Esta campaña expone cómo el uso diario de plásticos por parte de los universitarios afecta a ríos y litorales, comprometiendo al océano y a los ecosistemas de carbono azul, remarcando la importancia de implementar acciones continuas desde el interior hasta el borde costero.

El carbono azul hace referencia al carbono almacenado en ecosistemas costeros como los bosques de manglar, las marismas salinas y las praderas de fanerógamas marinas, y desempeña un papel importante tanto en la respuesta al cambio climático como en la conservación de los ecosistemas marinos [7]. La actividad de ASEZ destaca notablemente, combinando la sensibilización ambiental de los universitarios con prácticas orientadas a frenar el deterioro de los entornos marinos. Todos esperamos un océano azul. Sin embargo, la espera por sí sola no puede generar ningún cambio. El Día Mundial de los Océanos propicia la reflexión sobre el valor del medio marino, impulsando la búsqueda de acciones concretas para su conservación. La mejor manera de reducir la espera es proteger el océano hoy. Cada microacción individual contribuye a acelerar el advenimiento de un océano biológicamente saludable.

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