La biodiversidad, fundamento de la humanidad

Sin embargo, en realidad la propia supervivencia de la humanidad se asienta sobre los beneficios brindados por ese inmenso entramado ecológico. En ello radica, precisamente, la razón por la cual numerosos ecólogos señalan la biodiversidad como un elemento esencial, directamente ligado a la supervivencia humana.
Según un análisis de PwC, empresa global de auditoría y consultoría, una actividad económica de alrededor de 58 billones de dólares —más de la mitad del producto mundial total— depende de la naturaleza en un grado medio o superior. [1] Proteger la biodiversidad no consiste, por tanto, únicamente en salvaguardar la flora y la fauna; al contrario, constituye una variable determinante para la economía mundial. Si la biodiversidad se tambalea, todo lo edificado sobre ella habrá de tambalearse con ella.
La biodiversidad en desaparición

La importancia de la biodiversidad se constata también en cifras concretas. La Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) advirtió, en su informe de 2016, el riesgo de una disminución en los polinizadores —como las abejas y las mariposas—, la pérdida neta de bienestar económico mundial derivada de las alteraciones en la producción agrícola podría alcanzar entre 160 000 y 191 000 millones de dólares anuales. [2] El equipo de investigación del Dr. Matthew Smith, de la Universidad de Harvard, fue un paso más allá en un estudio de 2022 al estimar una posible asociación entre la insuficiente polinización actual y unas 427 000 muertes adicionales al año en todo el mundo, debido a la menor producción de frutas, verduras y otros alimentos. [3]
El “Informe Planeta Vivo”, publicado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en 2024, muestra esta crisis con mayor nitidez. A lo largo de los cincuenta años transcurridos entre 1970 y 2020, el tamaño promedio de las poblaciones de vertebrados silvestres monitoreadas en todo el mundo se redujo un 73 %; en particular, la disminución promedio observada en las poblaciones de los ecosistemas de agua dulce alcanzó el 85 %, la más grave de todas. [4]

Esto no significa una desaparición del 73 % de la fauna silvestre mundial. Al contrario, refleja una reducción en esa proporción en el tamaño promedio de las poblaciones de fauna silvestre estudiadas. La pérdida de biodiversidad ya no es un problema ambiental de un futuro lejano: se está convirtiendo en una realidad amenazante de forma directa para la alimentación, la economía y la vida de la humanidad.
Hacia la recuperación: la naturaleza positiva
Los ecosistemas naturales son como una red intrincadamente entretejida, provocando la disminución de una determinada especie una crisis inmediata en todo el ecosistema. La comunidad internacional ha comenzado a transformar de raíz su manera de responder con el fin de prevenir esta pérdida de biodiversidad. Si hasta ahora las políticas ambientales se concentraban en ralentizar o detener la destrucción, en los últimos tiempos ha emergido como tarea central la “naturaleza positiva”, orientada a detener la pérdida de la naturaleza y restaurar de manera activa los ecosistemas degradados.

La naturaleza positiva ajeno a la simple reducción de los impactos negativos sobre la naturaleza; al contrario, aspira a transformar su pérdida en recuperación, elevando la biodiversidad junto a la salud, resiliencia y funcionalidad de los ecosistemas. [5] Por lo general, toma como referencia el año 2020 y se fija como meta detener y revertir la pérdida de la naturaleza para 2030, así como esforzarse de manera sostenida con miras a lograr, de aquí a 2050, la completa recuperación natural.
Esta tendencia se concretó en el Marco Mundial de la Diversidad Biológica de Kunming-Montreal, adoptado en 2022. [6] La comunidad internacional se fijó como objetivo detener y revertir la pérdida de biodiversidad para 2030, encauzando la naturaleza hacia la senda de la recuperación, y hacer realidad, de aquí a 2050, una sociedad que viva en armonía con la naturaleza. La tarea remanente ahora depende de la fidelidad en el cumplimiento de este compromiso sobre el terreno.
La alfabetización ambiental y el papel de los jóvenes
Los cambios en las instituciones y las políticas no bastan, por sí solos, para alcanzar plenamente el objetivo de la recuperación de los ecosistemas. Para llevar a la práctica la naturaleza positiva se requiere el respaldo de una capacidad real por parte de una ciudadanía capaz de comprenderla y traducirla en acción. En el marco de esta tendencia, la competencia clave con mayor relevancia últimamente es, precisamente, la “alfabetización ambiental”. [7] La alfabetización ambiental designa la capacidad ciudadana de comprender de manera crítica las causas y la estructura de los problemas ambientales y de traducir esa comprensión en decisiones y acciones responsables.
ASEZ, el Grupo de Universitarios Voluntarios de la Iglesia de Dios, apoya activamente a los universitarios para que desarrollen su alfabetización ambiental. En particular, organiza de forma periódica encuentros de diálogo, seminarios con expertos invitados y foros, contribuyendo así a una comprensión profunda de la biodiversidad y de la naturaleza positiva. De este modo, alienta a los jóvenes a no permanecer como meros destinatarios del cambio, sino a crecer como protagonistas capaces de construir por sí mismos una sociedad sostenible.
Aprender a convivir con la naturaleza en lugar de dominarla: en esto reside, cabe afirmar, el verdadero sentido de la alfabetización ambiental. Solo cuando se sumen las acciones de cada persona capaz de comprender y discernir con acierto, el futuro de coexistencia entre la naturaleza y el ser humano se hará por fin realidad.


