Prevención del crimen

Día Internacional de la Educación: cuestionando la esencia del aprendizaje

Ploblema Global
24 de enero de 2026

El reloj de la educación detenido

La crisis climática, los conflictos interminables y la pobreza. Los problemas enfrentados actualmente por la humanidad distan mucho de ser simples. El poder de la ley y de la tecnología, por sí solo, resulta insuficiente para resolver plenamente estos desafíos complejos. La solución más fundamental reside, en última instancia, en la educación, capaz de transformar la manera de pensar de las personas e inculcar valores correctos.

Sin embargo, la cruda realidad ni siquiera permite esta solución básica. Según el informe más reciente de la UNESCO, unos 250 millones de niños y adolescentes en todo el mundo se encuentran ante la imposibilidad de asistir a la escuela. [1]

Esto no representa únicamente una falta de oportunidades de aprendizaje, sino exponerlos a la pobreza y a los riesgos sociales sin ningún tipo de defensa, sin siquiera darles tiempo para prepararse para el futuro. Los recientes acontecimientos internacionales ilustran claramente estas tragedias. En la Franja de Gaza, en Palestina, donde los conflictos armados continúan, numerosas escuelas han sido destruidas o transformadas en refugios. Los estudiantes han perdido sus aulas y se ven obligados a preocuparse por la supervivencia en lugar de concentrarse en sus estudios. [2]

La situación en Afganistán también es extremadamente grave. Tras los cambios políticos, la educación secundaria de las niñas ha sido restringida, privando a innumerables jóvenes de su derecho a aprender. En los espacios donde han desaparecido las escuelas, crece la preocupación por las graves violaciones de los derechos humanos, como el trabajo infantil y el matrimonio precoz. [3]

En definitiva, la falta de educación supone un punto ciego en materia de derechos humanos.

Los adolescentes privados de una educación básica tienen dificultades para defender sus propios derechos y carecen de las bases necesarias para lograr la autonomía como miembros de la sociedad. Este fenómeno trasciende el ámbito del bienestar social y se convierte en un problema urgente de supervivencia y de derechos humanos que la humanidad debe afrontar sin demora.

El Día Internacional de la Educación y el papel de la juventud

En medio de esta crisis mundial, el Día Internacional de la Educación (24 de enero de cada año), designado por las Naciones Unidas (ONU), adquiere un significado especial. En diciembre de 2018, la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 73/25, subrayando el papel de la educación para la paz y el desarrollo, y proclamó oficialmente esta fecha. Bajo el liderazgo de la UNESCO, la fecha reafirma que la educación no es un privilegio de unos pocos, sino un derecho humano fundamental y una responsabilidad pública que toda la humanidad debe asumir. [4]

Cabe destacar, en particular, el tema del año 2026: “El poder de la juventud en la co-creación de la educación (The power of youth in co-creating education)”. [5]

Este enfoque refleja la nueva orientación de la comunidad internacional hacia una visión de los jóvenes no solo como receptores pasivos de instrucción, sino como agentes activos. En un contexto de acelerada revolución tecnológica y profundos cambios sociales, el futuro de la educación solo podrá adquirir una fuerza real cuando los jóvenes participen directamente como co-creadores en el diseño y la innovación de los sistemas educativos.

El mensaje del Día Internacional de la Educación es claro. La educación no es simplemente la transmisión de conocimientos dentro de las escuelas. Es el consenso social más sólido para romper el ciclo intergeneracional de la pobreza, reducir las desigualdades y, en última instancia, construir un mundo de paz. Ahora debemos dejar de limitar a los agentes de la educación a los marcos institucionales y centrar nuestra atención en la juventud como una nueva fuerza motriz.

Estudiantes que salen del aula

Este “papel de la juventud” no se queda en meras declaraciones, sino que se está materializando en acciones concretas. Las actividades del grupo de universitarios voluntarios de ASEZ son un excelente ejemplo de los cambios posibles cuando los jóvenes dejan de ser objetos de la educación para convertirse en sujetos. A partir de los conocimientos adquiridos en las aulas, estos estudiantes visitan escenarios educativos de todo el mundo para compartir soluciones a problemas relacionados con el delito y el medioambiente.

El primer caso es la Escuela de RJC (Reduzcamos Juntos el Crimen), un programa de educación en valores cuyo objetivo es prevenir el crimen mediante el fomento de una conciencia cívica madura. Los universitarios visitan escuelas primarias y secundarias, donde dialogan con los estudiantes sobre la importancia del respeto a los derechos humanos y la consideración hacia los demás. Este programa se ha llevado a cabo 32 veces en siete países, incluidos la Escuela Secundaria Integrada de Dasmariñas, Filipinas, el BINE en México y la escuela Narayan Rao Genba Moze en la India, con la participación de un total de 3641 estudiantes. El mensaje de la importancia de la prevención frente al castigo, adaptado al nivel de comprensión de los estudiantes.

El segundo caso es la Escuela Libre de Carbono. El principio fundamental es informar a las generaciones futuras tanto de su derecho a disfrutar de un medio ambiente limpio como de su deber de protegerlo. En lugar de recibir clases unidireccionales, los estudiantes participan en un método de “aprendizaje basado en problemas (ABP)”, en el cual identifican directamente los problemas de emisión de carbono dentro de sus escuelas y reflexionan sobre posibles soluciones. Además, a través de seminarios y foros, se han desarrollado hasta la fecha 27 sesiones en seis países, con la participación de 4125 alumnos en este programa. Esto ha servido de catalizador para convertirlos en agentes activos de la protección del medioambiente.

  • La Universidad BUAP acogió el “Foro Ambiental global de ASEZ”

Estas actividades de ASEZ demuestran que el conocimiento solo adquiere poder vital cuando traspasa el umbral del aula. Las huellas documentadas de ASEZ, reflejadas en cifras, constituye una prueba clara de que las futuras generaciones están creciendo como “intelectuales en acción”, capaces de construir un mundo más seguro y sostenible.

La educación, el arma más poderosa para cambiar el mundo

Nelson Mandela afirmó que “la educación es el arma más poderosa que se puede usar para cambiar el mundo”. Tal como refleja su visión, una educación adecuada tiene el potencial de transformar los prejuicios en comprensión y el odio en convivencia.

Con motivo del Día Internacional de la Educación, el punto en el que debemos centrarnos reside precisamente aquí. El verdadero aprendizaje no se limita a las estanterías de una biblioteca. Como se ha visto en el caso de los universitarios mencionados anteriormente, cuando el conocimiento se encuentra con los problemas de la realidad y se traduce en acciones concretas, la educación adquiere, por fin, la fuerza necesaria para transformar el mundo. Cambiar la realidad de 250 millones de niños sin poder asistir a la escuela y afrontar desafíos complejos como la crisis climática y el crimen depende, en última instancia, de las personas que actúan.

Hoy debemos ir más allá de ser meros receptores del conocimiento y convertirnos en sujetos capaces de utilizarlo como una herramienta para diseñar un futuro mejor. En una era donde “lo que sabemos” ya no es lo más importante, lo que verdaderamente necesitamos es el valor para reflexionar y poner en práctica el “cómo actuar”. Este es el último reto planteado por el Día Internacional de la Educación, que se celebra el 24 de enero.

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